La mujer joven con discapacidad
Dayle Hernández Ruiz
Nuestra cultura proviene de la sociedad occidental, esencialmente patriarcal, donde tener un par de testículos ha constituido, por mucho tiempo, merecimiento de respeto y obediencia a los hombres por parte de las mujeres; ser maravilloso que debe estar ocultando determinadas partes de su cuerpo para no provocar en el hombre "malos pensamientos, porque nosotras, al fin y al cabo, le dimos la manzana a Adán, somos las eternas culpables del pecado"... además de no poder serles infieles a sus esposos, de reprimir sus deseos sexuales, de imponerles una manera de vestir, y de limitarles la cantidad de hombres a tener en sus vidas, también les impidieron la realización de determinados trabajos (sobre todo fuera de la casa); el derecho a pensar y decir con voz propia, a ejercer el derecho al voto, les impusieron la educación y el cuidado de los hijos y de la casa, todo esto con la finalidad de tenerlas "seguras".
Y una situación aún peor acosaba a la mujer discapacitada y esposa, las cuales, en su mayoría habían quedado con alguna discapacidad debido a un accidente o enfermedad después del matrimonio o el parto. Creímos fervientemente que no servíamos para nada, que no podíamos decidir sobre asuntos importantes, incluyendo nuestras propias vidas, lo cual sería casi un crimen, sobre todo porque dependíamos completamente de la familia, cuando ésta no rechazaba tenernos en casa.
...Muchos años han pasado desde entonces pero aún hoy persisten muchos prejuicios y se nos menosprecia de diversas formas. Y esto se puede ver hasta en nosotras mismas, y se debe al arrastre prejuiciado que nos acompaña aún en nuestros días.
Debido a las malformaciones congénitas o causadas por accidentes u otras enfermedades nos vemos excluidas del culto al cuerpo de las sociedades modernas así como de la utilización de determinadas modas. Asimismo es difícil integrarnos a los grupos de jóvenes sin discapacidad debido a los retos físicos que exigen algunas de sus actividades, por la sobreprotección de los padres y sobre todo por la falta de accesibilidad a transportes e instalaciones sin barreras arquitectónicas.
En el área de las relaciones amorosas persisten los tabúes y los falsos conceptos, a los que se les agrega la situación social de la mujer, los cuales contribuyen a la inhibición de relaciones sexuales plenas.
Se ha avanzado mucho en cuanto al acceso al estudio aun, cuando fallos en la prestación de algunos de estos servicios reducen su calidad global. Pues incluso cuando el gobierno y las instituciones a niveles superiores se encaminan y empeñan en el trazado de políticas para la ayuda a personas con discapacidad, se hace necesario aumentar las ofertas de estudio para nuestros niños y jóvenes con discapacidad, y reconocer el trabajo realizado por la ACLIFIM en la apertura de cursos de oficios.
Se ha facilitado el acceso al trabajo, pero seguimos tropezando con las barreras arquitectónicas, físicas y mentales para un acceso social pleno de la mujer con discapacidad. Creemos que podría analizarse la posibilidad del trabajo por cuenta propia como opción que no requiere traslados ni acceso a lugares que no sean el propio hogar, lo cual mejoraría su economía y la de su familia.
Hoy por hoy, las mujeres con discapacidad, tras asumir que para nosotras el reto es doble, nos hemos insertado en el lugar que nos corresponde en la sociedad, y hemos destacado en puestos de todo tipo y servimos de fuente de inspiración para otras mujeres.
Aun así continuamos autolimitándonos.
Debemos comenzar por liberarnos de nuestros propios prejuicios.
Contamos con un cuerpo que no nos permite movernos a donde queramos, que se llena de dolores y angustias; es un peso con el que deberemos cargar toda nuestra vida, con el que tenemos que aprender a vivir, hasta llegar a quererlo y encontrarle sus zonas bellas y delicadas.
Empecemos a mirarnos desde dentro, saquémosle todas las ventajas que nos permite, sobre todo placer. Cuando lo hayamos hecho, entonces nos sentiremos lo suficientemente libres para hacer que los demás repitan nuestras decisiones y albedrío. Cada esfuerzo se convierte en un reto a vencer. La vida es un desafío, nos llama y a ella debemos responder. Démonos cuenta de lo importante que somos, de lo mucho que podemos dar a los demás. Démosle las manos a esta mujer y hablemos muy fuerte todas, su liberación constituye la nuestra.

Dayle Hernández Ruiz
Dayle es una colaboradora cubana. Escribió este texto para un encuentro de jóvenes con discapacidad auspiciado por la ACLIFIM, y con él obtuvo el primer lugar a nivel nacional. Este texto está basado en su obra "Reloj de Pared", un tapiz confeccionado con elementos textiles con las técnicas de aplicaciones y bordado.
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